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6 de septiembre de 2025Guerra digital y propaganda: el impactante video de Irán contra la Estatua de la Libertad que esconde un mensaje más perturbador de lo que parece
Introducción: un vídeo de 60 segundos que resume décadas de confrontación
El video de Irán contra la Estatua de la Libertad no es un simple panfleto digital más. Es, en apenas sesenta segundos, un condensado explosivo de símbolos, agravios históricos y tecnología de vanguardia al servicio de una narrativa oficial que se niega a doblegarse. Difundido por la televisión estatal iraní (IRIB) y replicado posteriormente por la cadena rusa RT, el material ha recorrido medio mundo con una velocidad que solo la inteligencia artificial y las redes sociales pueden garantizar hoy.
Pero más allá de lo virulento de sus imágenes —un misil con la bandera de Irán impactando contra la emblemática figura neoyorquina—, lo que más inquieta a analistas y organizaciones de derechos humanos es el armazón ideológico que lo sostiene. La Estatua de la Libertad aparece aquí con la cabeza de Baal, una deidad vinculada en la tradición bíblica a la idolatría, y sosteniendo el Talmud. No es casualidad. Es un mensaje con doble destino: por un lado, Washington; por otro, las comunidades judías y el Estado de Israel.
Desde una mirada progresista, este tipo de propaganda nos obliga a ejercer un ejercicio de claridad. Porque si bien es imprescindible denunciar los abusos del imperialismo estadounidense —las guerras en Vietnam, Irak o Afganistán, el apoyo histórico a dictaduras en América Latina o el despojo a los pueblos nativos—, no podemos caer en la trampa de justificar discursos que recurren al antisemitismo más rancio como herramienta política. El video de Irán contra la Estatua de la Libertad es, en ese sentido, un ejemplo perfecto de cómo la crítica legítima al imperialismo puede ser secuestrada por regímenes autoritarios que buscan legitimarse en un relato de resistencia vaciado de contenido emancipador.
El simbolismo enfermizo: por qué Irán elige la Estatua de la Libertad como diana
No son pocos los que piensan que elegir la Estatua de la Libertad como objetivo simbólico no es casual. Es el icono más reconocible del “sueño americano”, ese relato que Estados Unidos ha vendido al mundo como sinónimo de libertad y acogida, mientras en paralelo desarrollaba una política exterior marcada por el intervencionismo, los golpes de Estado y el expolio de recursos.
El vídeo, creado con herramientas de inteligencia artificial, entrelaza imágenes de archivo de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, la masacre de My Lai en Vietnam, el despojo a los nativos americanos y las torturas en Abu Ghraib. Es un repaso sombrío, y en buena parte veraz, de los crímenes cometidos por Washington. Desde una perspectiva de izquierdas, no podemos ignorar que esa memoria histórica es necesaria. El problema es el uso que se le da.
La propaganda iraní no busca una reflexión sobre la justicia global ni sobre la necesidad de reparar siglos de abuso. Busca construir un relato maniqueo donde Irán aparece como el único baluarte frente a un enemigo absoluto. Y para ello, como veremos, mezcla elementos de crítica anticolonial con otros mucho más turbios.
Baal, el Talmud y la recurrencia del antisemitismo en la propaganda oficial
Si algo ha generado alarma en la comunidad internacional —más allá del gesto belicista— ha sido la iconografía religiosa empleada. La cabeza de Baal sobre la Estatua de la Libertad, acompañada del Talmud, evoca una de las teorías conspirativas más recurrentes en ciertos sectores del islamismo radical y la ultraderecha occidental: la supuesta existencia de una élite judía que controla los destinos del mundo.
En la tradición bíblica, Baal era una deidad cananea asociada a la idolatría, utilizada en el imaginario judeocristiano como símbolo de corrupción espiritual. Al fusionar esa imagen con el Talmud —libro sagrado del judaísmo rabínico—, el mensaje es inequívoco: se está acusando al judaísmo de ser una religión idólatra y corruptora.
Aquí es donde el análisis desde la izquierda debe ser quirúrgico. Porque no se trata de “equiparar” crímenes, sino de señalar que el discurso oficial iraní ha utilizado durante décadas el antisemitismo como herramienta de movilización interna y proyección exterior. Y eso es incompatible con cualquier idea de emancipación humana.
Como ha denunciado Human Rights Watch en múltiples informes, la República Islámica de Irán ha mantenido un discurso sistemático contra la comunidad judía —tanto la israelí como las diásporas—, utilizando términos que recuerdan a la propaganda nazi. Que ahora lo hagan con tecnología de IA y buscando viralización global no hace sino agravar la peligrosidad del mensaje.
Una crítica desde la izquierda: cuando el anticolonialismo se mezcla con el discurso del odio
Uno de los debates más complejos en las filas del progresismo actual es cómo abordar los movimientos y regímenes que se presentan como “anticoloniales” pero reproducen estructuras de opresión. El video de Irán contra la Estatua de la Libertad es un caso de manual.
Porque no se puede negar que Washington ha sido —y sigue siendo— un actor imperialista. Desde el derrocamiento de Mossadegh en Irán en 1953 hasta el apoyo al genocidio en Gaza en 2024, pasando por las invasiones de Irak y Afganistán, el historial de Estados Unidos es abrumador. Pero criticar ese historial no implica validar cualquier otro relato que se le enfrente.
La izquierda ha aprendido —a veces a golpe de desengaños— que el enemigo de mi enemigo no siempre es mi amigo. El régimen de los ayatolás es un régimen teocrático, misógino, represor con su propia ciudadanía —como vimos en las protestas de “Mujer, Vida, Libertad” en 2022— y profundamente autoritario. Que ahora utilice imágenes de nativos americanos o víctimas del imperialismo no lo convierte en un aliado de las causas justas.
Como escribió la periodista iraní exiliada Masih Alinejad: “El régimen de Teherán no lucha por la libertad de nadie. Lucha por perpetuarse a sí mismo, y para ello necesita un enemigo exterior permanente”.
La IA como nueva arma geopolítica: más allá del vídeo viral
El uso de inteligencia artificial en este vídeo no es un mero adorno. Es la constatación de que la guerra híbrida ha entrado en una nueva fase. No se trata solo de misiles o ciberataques, sino de la capacidad de generar contenidos hiperrealistas que viralizan discursos de odio y desestabilización en cuestión de horas.
Según un informe reciente del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, la desinformación generada con IA ha aumentado un 340% en los últimos dos años, convirtiéndose en una de las principales amenazas para la estabilidad democrática. El video de Irán contra la Estatua de la Libertad es un ejemplo perfecto de esta nueva realidad: un contenido de alta calidad técnica diseñado para ser compartido, comentado y debatido, independientemente de si es veraz o no.
Desde una perspectiva progresista, esto nos obliga a repensar las políticas de regulación de plataformas. No basta con eliminar contenidos cuando ya han causado daño. Es necesario un enfoque preventivo que combine alfabetización mediática, regulación pública de los algoritmos y cooperación internacional. Porque mientras tanto, regímenes autoritarios como el iraní o el ruso seguirán utilizando estas herramientas para exportar su conflicto a las pantallas de todo el mundo.
🚨 Iran just released this video.
— IranDefenceForce (@IranDefenceForc) March 25, 2026
Real footage or a message?
You decide. pic.twitter.com/6ARn9XXAcb
Desde una mirada progresista, nuestra tarea es desmontar cada una de esas capas sin simplificaciones. Condenar el antisemitismo donde aparezca, denunciar el imperialismo donde actúe y defender los derechos humanos allí donde sean vulnerados, vengan de quien vengan.
Porque si algo nos ha enseñado la historia reciente es que los grandes relatos maniqueos —“nosotros los buenos, ellos los malos”— siempre terminan beneficiando a los poderosos, nunca a los pueblos. Como ciudadanos, como lectores, como sociedad, tenemos la responsabilidad de no dejarnos arrastrar por la propaganda, venga de Washington o de Teherán.
Irán dice “no” a la negociación: lectura de un régimen que apuesta por la resistencia perpetua
El vídeo no es un hecho aislado. Coincide con una escalada verbal del gobierno iraní. El ministro de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, ha sido rotundo: Irán “no tiene la intención de negociar” con Estados Unidos, sino de “seguir resistiendo”. En sus declaraciones a la televisión estatal, replicadas por medios como AFP, Araqchi afirmó que la oferta de diálogo por parte de Washington es “un reconocimiento de derrota”.
Esta postura no es nueva, pero adquiere otra dimensión cuando se combina con propaganda violenta. El video de Irán contra la Estatua de la Libertad no es solo un gesto simbólico: es una declaración de intenciones. El régimen necesita mantener un estado de tensión permanente para justificar su autoritarismo interno, la represión de las libertades y la precariedad económica que sufre la población.
Y aquí es donde la izquierda debe ser especialmente cuidadosa. Apoyar el derecho de Irán a resistir las injerencias extranjeras no implica avalar a un régimen que encarcela a periodistas, ejecuta a manifestantes o impide que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo. La solidaridad internacional no puede ser selectiva ni acrítica.
Conclusión: desmontar la propaganda sin perder la perspectiva crítica
El video de Irán contra la Estatua de la Libertad es muchas cosas a la vez: una pieza de propaganda digital de alto impacto, un ejemplo de cómo la IA puede ser utilizada para difundir odio, un recordatorio del intervencionismo estadounidense y una muestra más del autoritarismo del régimen iraní.
Comparte este artículo si crees que es necesario reflexionar sobre cómo consumimos la información en tiempos de guerra digital. Porque entender el video de Irán contra la Estatua de la Libertad es también entender cómo nos intentan manipular para que tomemos partido sin pensar críticamente.

